Tamaulipas, palo encebado, por culpa presidencial

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Por Ciriaco Navarrete Rodríguez

En el presente trabajo editorial, pondré como paradigma al Estado de Tamaulipas, que paradójicamente, igual que todos los demás Estados del país, por culpa presidencial, está convertido en un vergonzoso -Palo Encebado-, al que por muchos esfuerzos que haga el gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, jamás lo podrá escalar más allá de su base estructural.

Se trata de una realidad irrefutable que recientemente, los gobernadores panistas quisieron hacerle frente a esa paradoja atorada en el poder absoluto del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien de acuerdo con lo que señala el Artículo 27 Constitucional, es el único y legítimo dueño de toda la República Mexicana, y por eso, su palabra, es la única que vale en México.

Es plausible la decisión fallida de los gobernadores panistas porque intentaron confrontar al presidente de la república con el fin de corregir sus errores cometidos por su omnímodo poderío presidencial, y se equivocaron porque al parecer trataron de darle seguimiento a las baladronadas Marko Cortés, joven e inexperto líder del Partido Acción Nacional (PAN), quien sin tomar en debida cuenta la magnitud patriótica de su gran compromiso, maneja a ese instituto político con los mismos errores del también fallido Ricardo Anaya.

Calificó a Marko Cortés, de manera reprobatoria, porque en varias ocasiones, yo fui líder nacional pero a la alta escuela, porque mi primera guía la encontré en Don Jaime Torres Bodet, cuando me encomendó, junto con el recién fallecido Raúl Astudillo García, la Coordinación Nacional de los Comités Directivos de los Estudiantes de las Escuelas Normales Urbanas de país, entre los años de 1960-1963, cuando éramos muy jóvenes.

Más tarde también participé en el liderazgo nacional de quienes asistíamos, en los Cursos Intensivos de Verano, como profesores-alumnos de la Escuela Normal Superior de México (1965-1971), tiempos en que me desempeñé como Secretario de Finanzas de esa agrupación estudiantil de cobertura nacional.

Entre los años de 1972-1975, me desempeñé como dirigente nacional del Consejo Directivo de los profesores de educación normal del país, que durante los cursos intensivos de verano, mismos que fueron realizados en la ciudad de México, tanto por el Instituto Politécnico Nacional (IPN), como por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde curse mi maestría en Ciencias Naturales.

Y aunque en aquellos tiempos no contábamos con los avances tecnológicos de ahora, el trato y el manejo humanísticos, deben ser los mismos, lo cual, significa que nuestro dicho se debe sustentar en los saberes verdaderos, y nunca en las simples suposiciones hipotéticas que son harto reveladoras de la ignorancia de la verdad relativa, porque no existe la certidumbre absoluta.

Entre los años de 1984 y 1996, me desempeñé como Asesor General de Prensa del Comité Ejecutivo Nacional (EN) del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), donde a tiempo descubrí las sucias maniobras de Elba Esther Gordillo Morales, a quien apadrinó el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, para derrocar el profesor Carlos Jonguitud Barrios.

Esas experiencias mías no me las gané en ningún juego azar, porque son vivencias y manejos de grandes concentraciones humanas que suelen turbar a cualquiera de los líderes improvisados como el dirigente nacional del PAN Marko Cortés, quien lo único que ha sabido hacer, es obligar a los gobernadores emanados del PAN, para que unifiquen esfuerzos, todos fallidos, de resultados públicamente conocidos.

Esos resultados fallidos, se deben a que nadie se podrá oponer jamás a los designios presidenciales, por el poder del presidente en turno, desde el régimen del general Lázaro Cárdenas, siempre ha sido unipersonal, y aseguro eso, que es una verdad irrefutable, por a partir del primer día de diciembre del año de 1934, fecha en que asumió el poder presidencial, él fue quien puso en pleno vigor la Constitución de 1917.

Esa Carta Jurídica que nada tiene de magna, a Carranza y a Obregón, en su intento de derogarla, les costó la vida, y dicho sea de paso, la Revista Contenido en su Serie titulada México, de Carne y Hueso, que fue publicada en los años 80, con lujo de detalles informó que el asesino intelectual lo fue el general Lázaro Cárdenas

 

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